miércoles, 2 de septiembre de 2009

ELEGIR EL NAZAREO.


En Juan 4:34, él dice: "Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra". En otras palabras, "Yo no tengo otra manera de vivir; es Dios conmigo. Solamente lo amo a él, estoy pendiente de él, y hago lo que él quiere. Esto es todo lo que tengo que hacer en la tierra: la voluntad de mi Padre".

Varias abstinencias. Una de ellas era la del vino. "Y el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre" (Salmo 104:15). El vino representa las cosas que alegran en el mundo, lo que el hombre anhela o valora muy alto. Es el goce terrenal, pasajero, aquel que llena momentáneamente el corazón del hombre y que lo lleva hasta llegar a creerse algo, cuando en el fondo no es nada. Cuando un hombre está con algunas copas en su cabeza, se envalentona y comienza a hablar, y no hay quien lo detenga. Es el estilo de vivir, la alegría vana del hombre.
¿En qué se alegra el mundo hoy? En una película, en un partido de fútbol; con algún líder político, con un cantante. Llega hasta a emocionarse, a saltar y a gritar. Es todo lo que el mundo busca: el dinero, el bienestar material. Su disfrute está en tener muchas cosas. "Alégrate, alma mía, muchos bienes tienes".

El nazareo dice: "No, "todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica ... todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar de ninguna", por cuanto he decidido consagrar mi cabeza al Señor".. Pero había otra abstinencia más: el nazareo no pasaría navaja sobre su cabeza, dejaría crecer su cabello.

De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?

Otra abstinencia del nazareo era de no tocar muertos. Romanos 8:6: "Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz". Cuando leemos en Números 6, pareciera injusto que si alguien cayese súbitamente muerto junto a un nazareo, aunque éste no tenía la intención de estar con él, contaminaba su cabeza, y tenía que hacer un sacrificio expiatorio para librarse de esa culpa.?"


Los nazareos tendrán que huir de toda palabra corrompida, de pensamientos desordenados, de chismes y murmuraciones. Cualquiera de estas cosas nos contamina, y a veces somos participantes de ellas, y hasta las aprobamos.La expiación por la culpa
"Y consagrará para Jehová los días de su nazareato, y traerá un cordero de un año en expiación por la culpa; y los días primeros serán anulados, por cuanto fue contaminado su nazareato" (Lv. 6:12).
Cuando empezamos a contaminar nuestro nazareato por una u otra causa, se empieza a perder el gozo, el Espíritu se va apagando, no hay sensibilidad ni discernimiento, no hay sabiduría, sino frustración y desánimo. ¡Qué tremendo es no percibirlo, como le pasó a Sansón, que cuando mancilló su nazareato, cesó el poder de Dios en él!

Si pretende seguir sirviendo al Señor con su cabeza mancillada, con su corazón contaminado, todo el pueblo se da cuenta, todos los hermanos se dan cuenta. No hay virtud, no hay gracia, no hay sabiduría, no hay discernimiento.

El Señor nos concede esta dicha.