miércoles, 2 de septiembre de 2009

Solo los sueños te mantienen vivo...


Hace un tiempo que estoy interesado en el tema del porqué del sufrimiento.
Creo que hay una idea, desde la que lo que aparentan ser problemas sean posiblemante una fuente de aprendizaje, o tal vez, EL APRENDIZAJE que debemos hacer.
Con algunos amigos estamos analizando el libro de Job (de Jung), con intención de profundizar en este tema (sufrir es justo?, etc..)
Con ustedes, me gustaría poder compartir un pequeño proyecto: juntar cuentos que tengan que ver con esto. El que quiera lo escribe , lo envía al grupo, yo los junto...y tal vez a alguien, compilados, esos cuentos en algún momento le sirvan.
Me encantaría que fueran de cosecha propia (experienciales), pero pueden ser de otros. Yo envío hoy uno que escuché a la Dra Rachel Naomí Remen, una persona deliciosa (es médica, y se dedica a psicología. Enseña en varias universidades, organiza impresionantes reuniones para personas dedicadas al área de la salud, y tiene una enorme experiencia con pacientes con cáncer).

"La mayoría de la gente que viene a hablar de su cancer me ha contado que de un modo u otro, se han sentido fundamentalmente solos toda su vida.
Se han sentido amados y valorados por otros por lo que pueden hacer más que por quienes son, y han amado y se han valorado a sí mismos en esta misma forma. Han tenido relaciones, vivido entre familias, tenido vecinos, y trabajado con otros, y sin embargo han sentido que realmente nunca conocieron de verdad a la gente que estaba a su alrededor, o han sido conocidos por ellos. Su cáncer les hizo notar esto por primera vez.
Paradójicamente, para algunos las experiencias profundamente aislantes de la enfermedad comenzaron a sanar esta sensación de soledad. Esto sucede muy a menudo de un modo gradual, y no por ninguna acción deliberada de su parte. No porque leyeran un libro, tomaran un curso, o porque siquiera comenzaran una práctica de meditación. Alguna gente que ha descubierto el sentido más genuino de conexión, pertenencia, y altruismo, lo ha hecho de un modo completamente sorpresivo.
Una mujer me contó que ella encontró su camino a la mayor simplicidad viviendo con un corazón abierto, literalmente "luego de arrastrarse un largo camino sobre sus rodillas en la oscuridad". Durante su transplante de médula, ella sintió una rabia terrible, envidia y resentimiento. Ella se ahogó en autocompasión y experimentó una vulnerabilidad y una sensación de aislamiento tan profundas que no hay palabras capaces de describirlo. Nunca antes se había permitido esta profundidad emocional, y se había sentido sobrepasada por la experiencia. Había sido atemorizador y doloroso, pero al final, había quemado los hábitos de pensamiento y creencias que la habían separado de la otra gente, y quedaba ahora con un imperturbable sentido de pertenencia y conexión.
En el medio de su sufrimiento y desesperación simplemente tuvo un día en que supo que todo sufrimiento era como su sufrimiento, y todo goce era como el suyo. De esto surgió un cambio interior perdurable, una bondad que es casi involuntaria.
Compartiendo muchas experiencias de este tipo con la gente me ha hecho reflexionar acerca de la naturaleza del corazón. Tal vez el corazón no sea simplemente una especie de objeto para amar. Más que un modo de amar, el corazón puede ser una forma de experimentar la vida, la capacidad de conocer acerca de una conexión fundamental con otros y permita verlos en su totalidad. Como con esta mujer, la apertura del corazón parece ir más allá del amor hacia una experiencia de pertenencia que sana nuestras heridas más profundas.
Cuando la gente mira a los otros de este modo, la conexión que experimentan hace que sea simple perdonar, tener compasión, servir, y amar. Como mi paciente me dijo: "cuando pude conectarme honestamente conmigo, encontré que estaba conectada con todos, también".
Tal vez la sanación del mundo dependa de justamente este tipo de cambio en la mirada, un llegar a saber que en nuestro sufrimiento y goce nosotros estamos conectados uno a otro con lazos humanos irrompibles, fundamentales.
Con ese conocimiento, todos somos menos vulnerables y estamos menos solos.
El corazón, que puede ver estas conexiones , puede ser una fuente mucho más poderosa de curación que la mente.

Eduardo Szwarcer de la pag.www.cienciayconciencia.com